
Sónico de 240 días
Por qué: 240 días de batería: ocho meses sin tocar el cargador. (nota 8,2/10). Viajar sin cargador, o tener uno en la segunda residencia.
En un cepillo eléctrico, el precio de la caja es la parte pequeña de lo que vas a gastar. Lo que de verdad cuenta son los recambios: un cabezal genérico cuesta 1,25 €, uno de Oral-B 3,15 € y uno de la gama iO más de 6 €. A cuatro cabezales al año durante diez años, la diferencia entre el primero y el último supera los 190 euros — más que cualquier cepillo de esta tabla.
Lo segundo a mirar es el sensor de presión. Apretar al cepillarse es el error más común y el que desgasta el esmalte y retrae la encía; un sensor que se pone rojo cuando aprietas corrige el gesto en una semana. Es lo único que justifica de verdad la gama alta.
La potencia en movimientos por minuto importa menos de lo que parece: a partir de cierto punto, lo que limpia es la técnica y los dos minutos, no la vibración.

Por qué: 240 días de batería: ocho meses sin tocar el cargador. (nota 8,2/10). Viajar sin cargador, o tener uno en la segunda residencia.

Por qué: El más vendido de España: 46.000 valoraciones y 4,6 de nota. (4,6 de 5 con 46.156 opiniones en Amazon). Pasar del cepillo manual al eléctrico sin complicarse ni gastar.

Por qué: 50.000 movimientos por minuto: más que un Oral-B iO de 270 euros. (9,9/10 en calidad-precio). Quien quiere la cifra más alta de potencia sin pagar gama alta.

Por qué: 90 días de batería y 8 cabezales en la caja: dos años sin comprar nada. (10/10 en recambios baratos). Quien quiere pasarse al eléctrico gastando lo mínimo, hoy y dentro de dos años.

Por qué: 120 días de batería y estuche de viaje, por 18 euros. (nota 7,9/10). Quien viaja a menudo y no quiere llevar cargador ni que el cepillo ande suelto.
Multiplica el precio del recambio por cuatro al año y por los años que esperas tenerlo. Un cepillo de 20 € con cabezales de 1,25 € sale más barato a la larga que uno de 60 € con cabezales de 6 €, aunque el segundo limpie algo mejor.
El oscilante gira y limpia algo más por fricción; el sónico vibra a mayor frecuencia y es más amable con encías sensibles. Si sangras al cepillarte, empieza por un sónico.
Es la función que más cambia el resultado real, porque corrige un error que casi nadie sabe que comete. Si tu dentista ha mencionado desgaste o retracción, sube de gama por esto y no por los modos.
La media de la gente no llega al minuto cepillándose. Un temporizador con avisos por cuadrantes es lo más barato que puedes hacer por tu boca.
Cinco modos suenan a mucho y en la práctica casi todo el mundo usa uno. No pagues por el número de programas; paga por el sensor y por unos recambios asequibles.

23,06 € · 50.000 movimientos por minuto: más que un Oral-B iO de 270 euros.

25,99 € · 90 días de batería y 8 cabezales en la caja: dos años sin comprar nada.

171,24 € · Pantalla en el mango: eliges el modo y ves el tiempo sin sacar el móvil.

209 € · Doce combinaciones de cepillado y cuatro cabezales en la caja.

268,30 € · El tope de Oral-B: sensor de presión, app y estuche, por 268 euros.
Sí, y está bien documentado: la diferencia está sobre todo en que mantiene el movimiento constante durante los dos minutos. Un manual bien usado durante dos minutos se queda cerca; el problema es que casi nadie lo hace.
Cada tres meses, o antes si las cerdas se abren hacia fuera. Un cabezal gastado limpia bastante menos, así que alargarlo ahorra poco y cuesta más.
Si aprietas al cepillarte o tienes problemas de encías, el sensor de presión lo justifica. Si tu boca va bien, un sónico de veinte euros con temporizador hace el grueso del trabajo por una quinta parte del precio y con recambios cinco veces más baratos.
Esa cifra es real pero dice poco: por encima de cierto punto, más vibración no limpia más. Lo que les falta a casi todos es el sensor de presión, que es lo que de verdad protege el esmalte.
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